Lo último
Catalina Soto, campeona panamericana de ruta: la ciclista chilena que no se rindió
Competencia

Catalina Soto, campeona panamericana de ruta: la ciclista chilena que no se rindió

La corredora del Laboral Kutxa conquistó el oro en Cereté tras una temporada 2026 que ya incluye tres títulos nacionales y victorias en El Salvador

DAPor Diego Araya··7 min de lectura

Oro en Cereté

Catalina Soto cruzó primera la línea de meta en Cereté este sábado 21 de marzo y se convirtió en campeona panamericana de ruta. La prueba en línea élite femenina del Campeonato Panamericano de Ruta 2026 cubrió 120,6 kilómetros distribuidos en nueve vueltas a un circuito de 13,4 kilómetros en el departamento de Córdoba, Colombia. La chilena del Laboral Kutxa-Fundación Euskadi conquistó el título continental más importante del ciclismo de ruta en las Américas.

El oro llega en el punto más alto de una temporada que Soto ha construido con una consistencia inédita para el ciclismo femenino chileno. En las tres semanas previas a Cereté, ganó el campeonato nacional de contrarreloj en Pichidegua con dos minutos de ventaja sobre la segunda clasificada, defendió su título nacional de ruta al sprint desde una fuga de seis corredoras y lideró etapas en el Tour de El Salvador. Cuatro victorias en marzo antes de pisar Colombia. El panamericano fue la quinta.

De la bicicleta como transporte a la bicicleta como profesión

La historia de Catalina Soto no se parece a la de los ciclistas europeos que crecen rodeados de infraestructura, clubes y tradición. Soto creció en Chile usando la bicicleta como medio de transporte. No había tradición familiar en el ciclismo ni un camino evidente hacia la competición profesional. A los 13 años, su familia se mudó a Australia, y fue allí donde descubrió el ciclismo en pista como disciplina deportiva.

El salto llegó en los Juegos Sudamericanos de la Juventud de 2017, donde ganó dos medallas de oro. Un entrenador del Centro Mundial de Ciclismo de la UCI la observó durante esas carreras y le ofreció una plaza en el centro de formación de Aigle, Suiza. Soto tenía 16 años. Se trasladó sola a Europa para entrenar con los mejores talentos juveniles del mundo. En 2019, a los 18, terminó subcampeona mundial juvenil de scratch, una modalidad de pista que exige explosividad y lectura táctica del pelotón.

El paso al profesionalismo en ruta no fue sencillo. Firmó con un equipo holandés y se mudó a los Países Bajos, pero la experiencia la empujó al borde del retiro. Vivía aislada en una zona rural, sin transporte público, sin comunidad, y el invierno europeo agravó una depresión que la alejó de la bicicleta. Volvió a Chile sin su equipo, sin su bicicleta, convencida de que el ciclismo profesional no era para ella.

Fue su club local el que la rescató. Volver a rodar sin presión, sin contratos, sin la obligación de resultados, le devolvió las ganas. Cuando el Laboral Kutxa-Fundación Euskadi, equipo vasco con licencia UCI ProTeam, le ofreció un contrato, Soto aceptó con una condición implícita: esta vez iría a su ritmo. Se instaló en el País Vasco, cerca de San Sebastián, y encontró un entorno que combinaba exigencia deportiva con estabilidad emocional. En enero de 2026, el equipo renovó su contrato hasta 2027.

Tres títulos nacionales en ocho días

La preparación para el Panamericano de Montería comenzó en Chile. Soto viajó a Pichidegua, en la región de O'Higgins, para disputar los campeonatos nacionales de ruta del 6 al 8 de marzo. El circuito del Parque Municipal La Torina, con la cuesta homónima como punto de selección, fue el escenario de una demostración de dominio.

El 6 de marzo ganó la contrarreloj individual sobre 20 kilómetros con un tiempo de 29 minutos y 26 segundos, dos minutos por delante de la segunda clasificada. Fue su tercer título nacional en la especialidad, después de los obtenidos en 2022 y 2025. Una abeja la picó durante el esfuerzo, pero completó los 20 kilómetros sin detenerse. Esa victoria le dio al Laboral Kutxa su décimo triunfo de la temporada.

Dos días después, el 8 de marzo, se impuso en la prueba en línea. La carrera se resolvió desde una fuga selectiva de seis corredoras que se consolidó después de tres vueltas al circuito. Soto ganó al sprint del grupo reducido y revalidó el título de campeona nacional por segundo año consecutivo. "El nivel del ciclismo femenino en Chile sigue creciendo", declaró tras cruzar la meta con el maillot tricolor asegurado para la temporada europea.

El contexto: ciclismo femenino en Latinoamérica

La victoria de Soto en el Panamericano no es solo un resultado deportivo. Es un símbolo de lo que puede lograr una ciclista latinoamericana cuando accede a las estructuras del ciclismo profesional europeo. Colombia domina el panorama continental masculino desde hace décadas, pero el ciclismo femenino de la región ha avanzado con menos recursos, menos visibilidad y menos oportunidades.

Soto lo ha dicho con claridad: "Es un deporte de ricos practicado por pobres." La frase resume la contradicción del ciclismo profesional en Sudamérica, donde las bicicletas de competición cuestan más que el ingreso anual de muchas familias, los viajes a carreras internacionales dependen de fondos federativos escasos y la infraestructura de entrenamiento no se compara con la de países como Holanda, Bélgica o España.

En ese contexto, la trayectoria de Soto es excepcional. Es la única ciclista chilena compitiendo en un equipo UCI ProTeam en Europa. Participó en dos Juegos Olímpicos: Tokio 2020 y París 2024, donde fue la primera mujer chilena en completar la prueba de ruta olímpica, terminando en el puesto 60 entre 92 competidoras. En los Panamericanos de Santiago 2023, su bronce en ruta fue una de las medallas más celebradas por la delegación chilena. En París, protagonizó uno de los momentos más virales del deporte chileno cuando, al enterarse en plena carrera de que Francisca Crovetto había ganado el oro en tiro skeet, gritó a su director técnico: "¡La Fran Crovetto ganó oro!" La emoción le recorrió el cuerpo antes de volver a concentrarse en su propia carrera.

Su ambición va más allá de los resultados individuales. "No quiero ser la única chilena que compite afuera", ha declarado en entrevistas. Soto entiende que su rol trasciende las clasificaciones: cada carrera que disputa en Europa, cada resultado que aparece en las listas de la UCI, es una demostración de que el ciclismo femenino latinoamericano puede competir al más alto nivel. El oro panamericano en Cereté refuerza ese mensaje.

La temporada 2026: un antes y un después

Antes de los títulos nacionales y el panamericano, la temporada de Soto arrancó en enero con el Tour de El Salvador, donde ganó el prólogo con cuatro segundos de ventaja sobre la española Ainara Albert y sumó una segunda victoria de etapa. Esos resultados confirmaron que la pretemporada en el País Vasco había funcionado.

La secuencia de marzo es histórica para el ciclismo chileno: tres títulos nacionales en ocho días, seguidos del oro panamericano dos semanas después. Son cinco victorias en 21 días para una corredora de 24 años que hace cuatro años pensaba en retirarse.

El calendario de Soto no se detiene en Cereté. Su próximo objetivo es la temporada de clásicas europeas con el Laboral Kutxa, donde competirá con el maillot de campeona nacional de Chile y el de campeona panamericana. En julio, el Tour de Francia Femenino la espera como la única latinoamericana en la carrera, igual que en 2024. Si mantiene la progresión de estos primeros meses, 2026 será la temporada que la consolide como la ciclista más importante de la historia del ciclismo chileno.

Lo que falta por construir

El oro de Cereté no resuelve los problemas estructurales del ciclismo femenino en Chile y en Latinoamérica. Soto sigue siendo una excepción, no una tendencia. Pero las excepciones importan porque marcan el camino. Aranza Villalón, otra chilena, subió al podio en la contrarreloj panamericana con un bronce que confirma que el talento existe más allá de una sola corredora.

Catalina Soto tiene 24 años, contrato con un equipo europeo hasta 2027, cinco victorias en tres semanas y un maillot panamericano que se suma al tricolor chileno. La bicicleta que alguna vez fue solo un medio de transporte se convirtió en el vehículo de una carrera profesional que, contra toda probabilidad, sigue acelerando.